Biografía de "El Escriba del Tao"

Los primeros años de "El Escriba" narrados por su hermano Manuel.

Era el mes de Febrero de 1956 en Tembleque, Toledo, el más frio que se recordaba en muchos años, se helaron hasta los olivos. Fue el día 14 cuando mi madre dio a luz a su primogénito, mi hermano mayor, el Escriba, en un parto que ella recuerda largo y difícil, tras una noche de espera. Fue asistida por el médico del pueblo, en la casa de sus padres, mis abuelos.

El niño pesó al nacer 3,5 Kg, largo, delgado y tan moreno que hizo pensar a mi madre que venía de tomar el sol; fue bautizado con el nombre de Tomás.

Puede decirse que nuestra infancia, trascurrió en dos ambientes bien distintos, entre la casa de nuestros padres en el cuartel de la guardia civil, donde reinaba la rigidez, la seriedad, la seguridad y la casa de los abuelos, donde reinaba la alegría, la tolerancia y la libertad.

Al nacer nuestro tercer hermano, la familia partió hacia un pueblecito llamado Herrera de Alcántara en la provincia de Cáceres, situado cerca del rio Tajo, el único río donde se ha bañado el Escriba. Posteriormente nos trasladamos a la provincia de Toledo con el propósito de mi padre de encauzarlo a la Academia Militar de Oficiales, que era el destino que mi padre acariciaba para asegurar el futuro de su hijo mayor. Pero mi hermano tenía su propio destino que ni aunque el mismo conocía sí que podía intuir que no era el previsto por nuestro padre.

Entre los 17 y 18 años mi hermano gozaba ya de una independencia económica, pues tenía un equipo de jóvenes de ambos sexos vendiendo productos de belleza.

Ya había dado el primer paso en el camino de la libertad al alejarse de la seguridad de los padres, y ya conocía varios oficios para ganarse la vida, pues a los 16 años convenció al abuelo para convertir una pequeña sala anexa al cine de la familia en la primera discoteca del pueblo de Tembleque. Cuando a todos extrañaba bailar al son de un tocadiscos en lugar del conjunto de músicos como era la costumbre.

Después de sus experiencias comerciales, decidió cual sería su segundo paso: No vender nada que no fuera bueno, verdadero y útil para todos. En estas se encontraba cuando fue reclamado por el ejército para hacer la mili, se había olvidado de pedir un nuevo aplazamiento para el servicio militar.

De los tres meses en el campamento de reclutas, estuvo los últimos 15 días encerrado en un frío calabozo. No sé sí por negarse a jurar bandera o por presentar un mural en el concurso convocado entre las diferentes compañías del cuartel, con contenidos pacíficos donde alertaba sobre los peligros de la fabricación y el uso de las armas, la guerra, la primacía de los intereses privados sobre el bien común.

No sé exactamente por qué se negó a jurar bandera, cosa que disgustó mucho a mi padre, pero en esos días había perdido ya al Dios de su infancia, donde había sido monaguillo, y el Dios que le proponían en el juramento le era extraño. Al final aceptó en una ceremonia privada cambiar el juramento por una promesa.

Se incorporó a su nuevo cuartel en Algeciras, con una carta donde le decían a los mandos de la plaza, individuo peligroso por sus ideas antimilitaristas. Su destino era en la enfermería pues en Córdoba había solicitado y aprobado las pruebas pertinentes. Al ganarse la confianza y el respeto de los militares y sus familiares gozaba de tiempo libre.

Entre los amigos que tenía en el cuartel y la ciudad, había electricistas, pintores, artesanos, cocineros, camareros, músicos, actores y otros oficios. Reunió un equipo y les pidió ayuda para construir un local, en una playa, con el objetivo de ofrecer una serie de servicios, además de comida. Todos aceptaron con buen ánimo su iniciativa porque prometía aventura, diversión y reparto equitativo de beneficios.

El bar Pirámide, así se llamaba el local, se conservará aun en la memoria de cuantos lo conocieron, que fueron muchos, pues tuvo un gran éxito de público a pesar de estar en una playa solitaria y a varios Km del centro de la ciudad. Me contó mi hermano sobre esta aventura, que lo más difícil había sido convencer a la compañía Sevillana de electricidad, para colocar un tendido eléctrico desde la carretera. Se mostraba feliz por este logro, porque al conseguirlo había acercado la luz eléctrica al barrio de pescadores.

Además de llevarles la luz, el bar pirámide sirvió de inspiración para los vecinos desocupados y en la siguiente temporada empezaron a proliferar los bares en aquella playa.

El incendio del bar Pirámide hizo que mi hermano se trasladara a la playa del Rinconcillo buscando un lugar donde poder desarrollar otra empresa.

Lo encontró en el lugar conocido como la terraza del Balneario Municipal. El bar, junto a la terraza que se adquiría en la subasta, se le llamaba el bar, del Balneario. Después de llegar a un acuerdo con el señor que lo regentaba y el propio Ayuntamiento.

Con el reciclaje de mil metros de tubo, comprados en una chatarrería, soldados por el mismo y con la ayuda de un amigo se convertirían en 120 butacas y 30 mesas y así paso a paso fue levantando la obra que él quería presentar como su ejemplo de rectitud, la empresa recibió el nombre de TAO- EL BAR.

Después de terminar mis estudios, mi hermano me propuso dirigir el BAR TAO, no me dio un trato distinto de los anteriores directores y al igual que a ellos no me hizo firmar nada, para asegurarse mi obediencia ni la propiedad de su empresa. Simplemente, te confiaba la empresa, los trabajadores, las llaves de la casa, te ponía al tanto de todo y te decía que te iría confiando más, sólo pedía que mantuviésemos satisfechos a todos y daba una orden de prioridades, que consistía en satisfacer al cliente, los proveedores, los empleados, los alquileres y los impuestos antes de cobrar tu sueldo, de modo que si el negocio caía, lo notara antes que nadie el bolsillo del director.

Se llegó a crear una empresa que ofrecía con su ejemplo pruebas suficientes para avalar las teorías sobre la riqueza interior que todo ser humano posee, como una semilla:

Se mandaban informes periódicos a dicho gobierno, realizando una declaración de intenciones de por qué y para qué se estaba trabajando en aquel lugar. Como hacían caso omiso a lo que les decía, los informes se dirigían al Gobierno Central, orientándolos acerca del futuro y como debían actuar para no llevar al pueblo a la desesperanza. Se les advirtió que si no seguían los consejos, terminarían arruinando al pueblo y no encontrarían forma humana ni divina de librarse de ser acusados y sentados en el banquillo. Para responder de su tiempo de gobierno con el pueblo como testigo y ante su señoría el Sr Juez, estoy hablando de la primavera de 1989.

Cuando la empresa sufrió un incendio más misterioso que el de la Biblioteca de Babilonia según comentarios de la prensa, pues lo que se consideró la batalla del TAO entre el gobierno de turno y lo que se creía el gobierno que éramos un grupo numeroso y organizado, cuando realmente éramos tres personas, el que escribe, un amigo llamado Zoilo y el Escriba que solo escribía, pues tres días antes del incendio, que según me comentó el jefe de bomberos fue provocado, el Escriba me dijo que entraría en voto de silencio que al bar le ocurriría algo pero que no emplease ninguna clase de violencia y que no me preocupase de nada, tan solo de las plantas del local que eran naturales. El Escriba continuó escribiendo, sin hablar, textos para el gobierno local donde les inspiraba y fortalecía orientándoles acerca del futuro y como debían actuar para no llevar al pueblo a la desesperanza.

De cómo empezó y terminó la relación de mi hermano con los representantes del gobierno de Algeciras y de cómo surgió el enfrentamiento, dan cuenta todos los escritos que a lo largo de los años fui entregando al Ayuntamiento, informando del desarrollo del TAO, en su empeño para acabar con el paro y la pobreza sin contar con la seguridad de las subvenciones. Todo esto está recogido en el capítulo III del Diario del Escriba, capítulo que carece de todo comentario porque es una sucesión de instancias y escritos que simplemente reflejan los hechos, tal y como sucedieron.

Como mis antecesores en el cargo de Director yo también dejé al Escriba para casarme y antes de terminar he de presentar al lector a mi sucesor siguiendo los pasos del Escriba, que en este caso es una mujer y su nombre es Esther, la misma Esther que el Escriba presenta en su libro La Cuarta Dimensión como su segundo testigo. Será ella quién cuente sus pasos junto al Escriba, dejándose guiar por él desde el regreso de Algeciras, hasta la actualidad.


Los siguientes años de "El Escriba" narrados por Esther García Campayo.

Aunque soy de Tembleque, conocí al Escriba en Algeciras, durante unas cortas vacaciones, cuando construía un horno para el TAO. Disfruté durante unos días de los ricos platos de su cocina vegetariana y de la sabiduría que destilaban las obras que se exponían en sus paredes.

Cuando volví a ver al Escriba, un año más tarde, ya había sido despojado del tao y arrancado de Algeciras; pero no me encontré como sería lo normal a un hombre hundido y abatido al que acaban de arrancarle la entrega y el sudor de muchos años.

Me encontré con un hombre que de nuevo ponía toda su energía y su tiempo al servicio de la creación y que usando como capital inicial sus manos, su corazón y su cabeza, estaba convirtiendo un corral viejo y lleno de escombros en un taller, mediante la trasformación de materiales de derribo y desechos metálicos.

En unos meses, ese corral cochambroso, se convirtió en un taller del que salían auténticas joyas de artesanía: relojes, llaveros, cajas, pendientes, abanicos, posavasos, cuadros, servilleteros, postales... que creaba partiendo de maderas de casa viejas, restos de molduras de las fábricas de los pueblos de alrededor y en definitiva trasformando toda la basura y los desechos que llegaban hasta él, convirtiéndolos en riqueza.

Ante tanta obra, tan bella, que sólo yo podía admirar, busqué un local en la plaza mayor del pueblo y aunque sólo encontré un local húmedo y viejo, para él fue suficiente y en unos meses lo que en principio era una cueva, lo transformó en la Artesanía de Tembleque, una tienda viva que él fue alimentando a diario, desarrollando una gama de más de 100 productos diferentes, que los turistas apreciaban y cambiaban por las monedas de sus bolsillos, probándome que en verdad no se necesita dinero para crear y generar riqueza. Él crea empresa con su propio saber hacer y la basura que los demás generan, algo que todos debemos aprender si queremos salir de la pobreza en la que vivimos.

Cuando yo estaba segura y contenta con mi tienda, recibiendo alabanzas y dinero de todos los que en ella entraban, de nuevo El Escriba, volvió a sorprenderme, entregándome el manuscrito de la "Cuarta Dimensión". El libro con mayúsculas.

Libro que no sólo me iluminó por dentro, sino que aun más importante para mí, dio entendimiento y discernimiento a mi intelecto y que durante tres años y medio, tiempo que El Escriba permaneció en voto de silencio, di a conocer junto a Manuel, por toda España y parte del extranjero. Comprendí en verdad lo que El Escriba llevaba tiempo explicándome acerca de la Libertad y la Seguridad, acerca de cómo vaciarse para volverse a llenar, en ese momento descubrí quien soy de donde vengo y a donde voy. Deje a un lado los intereses de la razón y me puse con El Escriba a aprender como trasformar un trozo de tierra desértico y estéril en un paraíso poniendo en práctica sus enseñanzas. Aprendiendo junto a él, el valor real que tienen las cosas que no se deben mirar por lo que son sino por lo que pueden llegar a ser, una vez que les hemos entregado a través de nuestra atención, toda nuestra energía que es el amor y todo nuestro tiempo que es el saber.

Ahora ya esa tierra es un huerto ecológico, un pequeño corazón que alimenta a los animales, a los amigos y vecinos, un trocito de libertad donde reina el saber hacer, ejemplo de entrega y enseñanza para todos los que llegan hasta aquí.

Son tantas, tan diversas y tan enriquecedoras las obras y enseñanzas del Escriba que Manuel y yo las hemos recogido en un libro, El Diario del Escriba, una guía imprescindible para todo aquel que quiera conquistar su propia Libertad.